lunes, 29 de junio de 2026

Padre a los sesenta

Padre a los sesenta. Quién iba a decir que después de treinta años, en estos tiempos de inteligencia artificial y física cuántica, iba a ser yo papá. Me viene clarita la escena de madrugadas e hipertensión, de miradas agudas y reflexión. En esta época en la que soy experto en varios temas, toca volver al ruedo a ver si eso sirve de algo. A comprender que los hijos tienen una edad hasta la que puedes influir sobre ellos y después puedes ser solo su aliado, aunque duela, o su enemigo más querido. Toca vivir y enseñar, pues, sobre amor incondicional, que la familia es siempre lo primero, que los compinches son solo para la juventud y luego solo queda el recordatorio ocasional de que no estamos solos. Queda demostrar, en una pizarra, que la identidad colectiva es una ilusión divina, un placer culposo; que la vejez y la muerte existen y por eso hay que aprovechar el gozo de la vida, que también existe de modos insospechados; que a menos que seamos unos resentidos exitosos y logremos ser gente súper importante, solo seremos parte de una estadística a comprender lo antes posible. Sobre la paz y la tranquilidad, sobre la conformidad y el autoconocimiento, bueno, eso sí es al ritmo de cada quien. Aquí estoy, chico, preparando las viejas pantuflas y la bata casera de papá, que entre la polilla y lo guardado, no esperaban su turno al bate. Serán trompos y papagallos insalubres, pues.

martes, 21 de abril de 2026

Las cuentas no cuadran

A veces, "dos y dos son cuatro" no parece obvio, no basta. Saber es importante, pero ¿saber qué? Los planetas, la medicina, la mecánica o la arquitectura no me dan ya lo que quiero, ya no. La fórmula, la receta, tienden a quedarse cortas. Uno y uno a veces no parecen dos, sino mágicanente uno. Saber del tiempo no garantiza que a veces este parezca ir más lento o más rápido y el reloj deja de decir una verdad: pierde credibilidad. Es entonces cuando llega el creer, ¿pero creer en qué? Hay quienes creen en relatos sobrenaturales para llenar el misterio de la creación o para tener un marco ético de conducta, pero incluso quienes creen en algo tan poderoso como un creador o en la riqueza material a veces se enredan en pequeñeces y todo ese soporte vital desaparece como si nada. Parece que no importa el camino elegido: el sufrimiento llegará para decirnos que no basta, que las cuentas no cuadran y que, finalmente, el enfoque no fue el adecuado para sentirnos protegidos de los desafíos de allá afuera. Saber y Creer se agotan para dar paso a Sentir como instrumento final para ser. "El día tiene 24 horas", "el que estudia es mejor persona" y "al que actúa bien le va bien". Las escrituras, el dinero o la ciencia dictan sus verdades para esos temas, pero no siempre se sienten suficientes porque poco después de terminar la fiesta, la compra, el culto o resolver la ecuación, la tristeza aparece de nuevo para regular el ánimo, para decirnos de nuevo que todavía falta seguir ajustando el mecanismo de vivir y, sobre todo, de vivir bien, sea lo que sea que eso signifique.